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  NECAH 1879
No Entregar Carhué Al Huinca
1996
 
Res, Antonio Pozzo y la desertización de La Pampa
   
 
En el último cuarto del siglo XIX, la Argentina, un país todavía predominantemente ganadero y económicamente subordinado al Imperio Británico, comenzaba a ingresar a la modernidad conducida por una oligarquía que poseía la tierra, el puerto de Buenos Airesy el comercio exterior. Para entonces, Buenos Aires ya había logrado someter las montoneras del interior que habían resistido tenazmente el centralismo porteño. Pero, allende las grandes estancias bonaerenses, al sur del Río Colorado, la Patagonia era dominada por las tribus indígenas, cuya rebeldía tornaba inviable el proyecto oligárquico de extender la ganadería hasta Tierra del Fuego. En 1878, el ambicioso general Julio A. Roca comienza a planear la conquista militar de la extensa pampa meridional. Sin mayor resistencia, logra cruzar el río Colorado, y el 24 de mayo de 1879 alcanza las márgenes del río Negro. Las tropas sorprenden a los indígenas, que fueron arrollados por el fulminante avance. Tras la derrota, los sobrevivientes se dispersaron rápidamente por todo el territorio que se extiende hasta el estrecho de Magallanes. De este modo, la "Conquista del desierto" implicó la apropiación de 400.000 kilómetros cuadrados de las tierras más fértiles de América. Para Roca, fue el espaldarazo que lo llevó a la Presidencia de la Nación en 1880.

Más de un siglo después de que Antonio Pozzo, acompañando las tropas comandadas por Julio A. Roca, fotografiara la culminación de esa campaña de exterminio, Res hizo el mismo itinerario con su cámara. Si con Pozzo cabalgaba el Terror de Estado, Res encontró allí la soledad, la dilatada soledad de una pampa sin indios ni lanzas en alto. Sin soldados ni carretas. Apenas las frías imágenes de silos, edificios, monumentos. La tierra sin relieves, los ríos oscuros y calmos. Casi la única excepción es el retrato de los descendientes del Cacique Linares, el jefe indígena que pactó con Roca.

Pozzo llegó cuando la resistencia aborigen había sido doblegada. No hay escenas de los desiguales enfrentamientos. Para su cámara posaron los batallones de Roca con sus fusiles y corazas de cuero, los prisioneros -mujeres y niños de una inmóvil y conmovedora indefensión- y sus guardianes, los jefes al frente de una tienda de campaña. Una quietud, a la vez ingenua y atroz, flota sobre la tropa que vivaquea en la ribera del Colorado.

Pero si Pozzo ha quedado en la historia como el fotógrafo de la "Campaña del Desierto", el ojo de Res invierte el sentido de esa guerra: sus fotografías parecen narrar una campaña de desertización, obligándonos a leer de otra manera el relato de las viejas imágenes.

Hasta las letras que componen la consigna de Calfucurá, "NO ENTREGAR CARHUE AL HUINCA" flotan enormes, fantasmagóricas, como si hubieran permanecido en el desierto a modo de mandato histórico contra el terror y la discriminación.

Dardo Castro
   
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